domingo, 30 de octubre de 2011

Querido Doraemon.

Querido Doraemon que duerme conmigo en la cama:
La otra noche volví a soñar con él.
Soñar siempre fue gratis, o eso dicen, y yo aprovecho.
Recuerdo vagamente que en ese sueño
sus labios estaban muy cerca en forma de sonrisa.
Que las rodillas se tocaban y sus ojos
titubeaban inseguros y verdes.



¡Espera!
¡Ay Doraemon! Que eso pasó de verdad...

La diferencia entre la realidad y mi sueño, es el final.
Mi sueño habría terminado en beso mientras que la realidad
acabó con dos besos...

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