Ella hablaba con él mucho,
en sus invenciones, en su mente.
Hablaba con él del tiempo, de que a ella le gustaban los días soleados
porque las fotos salen más claras.
Él sonreía y ella, en sus sueños,
se derretía con esa sonrisa figurada.
Le parecía alguien interesante, digno de conocer.
Incluso a veces le echaba un poquito de menos...
Imagino un abrazo de oso,
o de osito, si te dan miedo los de oso.
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