Esas pequeñas gotitas se amontonabanen los recovecos internos de mis ojos.
Las lágrimas se amontonaban,
a punto de rebosar la máxima
capacidad de contención.
Las primeras, comenzaron a asomar
y a descender ordenada,
pero seguidamente,
el trayecto que las uniría con mi barbilla.
Ondeando a la altura de las mejillas...
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